
La creencia de que existen fantasmas es un hecho generalizado que aparece en todas las sociedades y culturas del planeta.
Leyendas, cuentos populares, folclore o investigaciones sobre espíritus y aparecidos, testimonian, directa o indirectamente, el interés de los hombres por saber qué sucede más allá de la muerte. Sin embargo, la aparición de una multitud de figuras fantasmales que reproducen acontecimientos que han tenido lugar en el pasado supone un paso más allá de las meras creencias personales, aún más cuando dichas apariciones son vistas simultáneamente por un gran número de personas.
Más allá de cualquier especulación acientífica, existen numerosos casos que traspasan la barrera de la creatividad literaria y de las leyendas, y acaban instalándose en la más impactante duda razonable. Pero ¿qué son?
Gran parte de estas apariciones grupales tienen que ver con acciones bélicas, las cuales suelen ir acompañadas de una actividad mental y emocional fuera de lo normal. El doctor James Mc Harg, graduado de la Universidad de Edimburgo en 1940 e investigador psíquico de la Armada Real Británica, sugería que los responsables de tales fenómenos eran los recuerdos acumulados en el inconsciente colectivo. ¿Es posible por tanto que el proceso sea desencadenado por la mente de los testigos, por interacción con la información almacenada en el entorno físico? De ser así, tiene que haber algo en el marco físico que desencadene el fenómeno, y que haga que el cerebro capte esos recuerdos almacenados.
En épocas de guerra o de graves crisis sociales fueron frecuentes los relatos de visiones en los cielos. Los “Ángeles de Mons” alcanzaron gran notoriedad en agosto de 1914, al difundirse la idea de una intervención divina para ayudar a las tropas británicas en Bélgica.
¿Cómo explicar estas imágenes arquetípicas celestiales? ¿Se trata de ilusiones ópticas? ¿O quizás son formas proyectadas por deseos y pensamientos colectivos?
Durante los inicios de la Primera Guerra Mundial se produjo una epidemia de “visiones”. Desde diferentes campos de batalla, los soldados afirmaron haber recibido la ayuda de misteriosas figuras que observaron en los cielos. La más célebre de estas visiones –conocida como los “Ángeles de Mons”- ha sido considerada con frecuencia como simple folclore o ficción, pero cuando en 1990 Kevin Mc Clure publicó su libro “Arqueros y ángeles”, donde ponía de manifiesto que había aspectos del fenómeno dignos de ser estudiados, otros investigadores comenzaron a prestar atención a este asunto.
En los años 20, los miembros de la Sociedad de Búsqueda Psíquica había extraído algunas conclusiones al respecto, ya que en el momento del conflicto bélico recibieron muchas consultas con relación a esta visiones y se interesaron por descubrir qué había de cierto en los relatos.
La Sociedad de Búsqueda Psíquica es una organización sin fines de lucro fundada en 1882 en Londres por un grupo de eminentes pensadores. Su propósito es comprender los eventos y las habilidades, comúnmente descritos como psíquicos o paranormales, mediante la promoción y el apoyo a la investigación, examinando los fenómenos paranormales de una manera científica y objetiva.
Aunque no se proporcionaron pruebas realmente sólidas, una gran cantidad de personas creían que habían tenido visiones de carácter supranormal, pero estas visiones se podrían interpretar como una variante de alucinación subjetiva o generada por alguna causa externa, nacida de la expectativa, del temor o de la esperanza. En este sentido, Kevin Mc Clure explica en su ensayo “Visiones de consuelo y catástrofe” que nunca debe ignorarse el fondo emocional de las personas que perciben sucesos aparentemente paranormales… La esperanza y el temor son emociones humanas primordiales y ambas pueden reflejarse en el curso de una experiencia visionaria.
Sin duda, dado que la guerra es probablemente la forma más grave de crisis social, los niveles de angustia y miedo, junto a la falta de sueño, experimentados por muchas personas durante la Gran Guerra, debieron ser tan elevados que probablemente propiciaron los típicos estados alterados de conciencia conducentes a experiencias visionarias.
¿Qué ocurrió exactamente en Mons? ¿Fueron alucinaciones de los soldados o hubo una auténtica intervención celestial para salvar a las fuerzas expedicionarias británicas de ser destruidas cuando luchaban desesperadamente contra el enemigo alemán?
Sea como fuere, lo cierto es que el avance teutón se detuvo de forma aparentemente inexplicable, al tiempo que comenzaron a circular anécdotas acerca de que los aliados habían contado con un auxilio venido del cielo.
¿Se puede creer que desde la regencia celestial, que es todo amor y paz, envíen tropas angelicales para intervenir en una guerra de hombres donde todo es odio, violencia y muerte?
Jinetes misteriosos
Supuestamente todo comenzó en 29 de septiembre de 1914, al publicarse un relato titulado “Los arqueros” del escritor inglés Arthur Machén. En este escrito describía cómo, en la Guerra de los Cien Años, una compañía de arqueros ingleses había aparecido en el aire, aterrorizando a los alemanes y renovando la confianza de las tropas aliadas.
Tras la publicación del texto muchas personas comenzaron a contar que sus familiares en el ejército habían tenido experiencias de visiones angelicales entre las que figuraban San Jorge, San Miguel y Santa Juana de Arco, además de un misterioso jinete vestido de blanco. Arthur Machén afirmó que tales anécdotas se basaban en su relato pero, aunque tal pretensión podría admitirse a priori, lo cierto es que, por influyente que fuera el papel de su escrito en la proliferación del mito, de ningún modo pudo tratarse de una única fuente.
Ya existían testimonios acerca de este fenómeno anteriores al relato de Arthur Machén. Además, conociendo el hecho de que muchos soldados británicos que dijeron haber recibido apoyo moral mediante visiones auxiliadoras conocían el relato de Machén, es difícil creer que franceses y rusos –que habían pasado por idénticas experiencias- tuvieran acceso al mismo. Por otra parte, el número de testimonios fue verdaderamente elevado. Pero, ¿eran auténticos? ¿Cómo se difundieron?
Según la descripción de Ralph Shirley en su libro “Los ángeles guerreros en Mons” de 1915, el 28 de agosto de 1914, un cabo de lanceros relató el siguiente suceso: “Surgió una luz extraña en el aire… Pude ver claramente tres figuras. La del centro tenía lo que parecían alas desplegadas; las otras dos no eran tan grandes pero sí claramente distintas a la figura den centro. Parecían tener una larga túnica de tono dorado, y estaban sobre las líneas alemanas, frente a nosotros. Las observamos durante tres cuartos de hora. Todos los que me acompañaban las vieron, y hubo más hombres, de otras compañías, que también nos dijeron haber observado el mismo fenómeno”.
Otro soldado dio cuenta de que su regimiento, perseguido por la caballería alemana y atrapado en una cantera, vio de repente que “en la cima de una pared rocosa había ángeles alineados, que fueron observados por todos los soldados, incluidos los alemanes. Estos últimos, de pronto, se detuvieron, dieron media vuelta y huyeron a todo correr. Uno de los alemanes hecho prisionero preguntó quién era el oficial vestido de blanco montado a caballo que dirigía a los ingleses. Lo intrigaba el hecho de que no lo hubieran matado o herido pese a haberle disparado repetidamente”. ¿Se trataba acaso de San Jorge, como aseguraron otros soldados?
Un soldado alemán herido relató que había visto al mismo San Jorge dirigiendo a los británicos en la batalla de Vitry Le François. Otro soldado confirmó el suceso de Mons con estas palabras: “Apareció una extraña nube luminosa y, cuando se despejó, había un hombre alto de cabello rubio y armadura dorada, montado sobre un caballo blanco y blandiendo su espada. Los alemanes, al verlo, se batieron en retirada”.
Muchas enfermeras de la guerra tuvieron la oportunidad de escuchar de boca de los soldados heridos numerosos relatos prácticamente idénticos sobre visiones sumamente extrañas. ¿Se trató acaso de una artimaña urdida para levantar la moral de los soldados en los campos de batalla? ¿Y qué se podría pensar de las diferentes versiones de la historia de los “Ángeles de Mons” publicadas en algunos periódicos católicos de la época?
En efecto, la historia sirvió de argumento a varios pequeños libros y panfletos. Algunos eran simples colecciones con relatos de las visiones y leyendas al estilo de “Los arqueros” de Arthur Machén. Los más interesantes eran los que analizaban la historia de este escritor inglés. Por ejemplo, “Del lado de los ángeles” de Harold Begbie, el ya mencionado “Los ángeles guerreros en Mons” de Ralph Shirley y “Regreso al frente”, escrito por la enfermera Phyllis Campbell.
A pesar de las publicaciones al respecto, se podría cuestionar que los testimonios de visiones similares a las de Mons no están lo bastante bien documentados como para sacar conclusiones definitivas, ni siquiera aunque se acepten otras posibilidades, como la de que las visiones, que dijeron observar atónitos los soldados, fueran imágenes proyectadas por los aviadores británicos sobre las nubes para hacer creer a las tropas que hasta Dios estaba del lado de su país. Así lo supuso en sus memorias el agente del espionaje alemán Friedrich Herzenwith en 1930, quien al parecer, sabía acerca de la existencia de una tecnología capaz de producir estas apariciones.
Las apariciones de figuras celestiales arquetípicas con sus mensajes significativos poseen una larga trayectoria, en su mayor parte registrada en las escrituras sagradas de una gran variedad de culturas. Las referencias bíblicas, por sí solas, son suficientemente extensas, pero también se encuentran muchas recogidas por los historiadores clásicos, como las de los héroes del “más allá” que ayudaron a los griegos en su lucha contra los persas, en la batalla de Maratón, en el año 490 antes de Cristo. El viajero griego Pausanias escribió en el siglo II que los griegos vieron en ese lugar a un hombre de aspecto rústico que mató a muchos persas con un arado y luego desapareció. Cuando los atenienses consultaron al oráculo, éste les dijo que sólo debían honrar al héroe Echetlaeus, “el del arado”, y por ello le erigieron un monumento de mármol.
Plutarco, por su parte, en su biografía sobre Teseo, señaló que en Maratón muchos de los soldados creían haber visto una aparición de Teseo a la cabeza del ejército, frente a los bárbaros.
También Cicerón escribió sobre la aparición de Castor y Pólux en el lago Regillus en el año 496 antes de Cristo luchando a caballo en las filas romanas contra los ejércitos de otras ciudades en la Guerra Latina.
Con posteridad, también se han registrado visiones de cruces, como la que supuestamente indujo a Constantino a convertirse al Cristianismo. El emperador creyó ver en ella el lema “Con este signo vencerás”, la víspera de la decisiva batalla del Puente Milvio, el enfrentamiento militar que tuvo lugar el 28 de octubre de 312 entre los ejércitos de los emperadores Constantino I y Majencio. La victoria de Constantino derivó en el fin de la tetrarquía (forma de gobierno en la que el poder lo ejercen cuatro personas conocidas como tetrarcas) y lo llevó a convertirse en la máxima autoridad de los territorios occidentales del Imperio, mientras su cuñado Licinio reinaba en las provincias orientales.
Esta batalla constituye un importante punto de inflexión en la historia del cristianismo, ya que los historiadores cristianos de esta época y posteriores, influidos por la narración de Eusebio de Cesárea, atribuyeron la victoria de Constantino a una auténtica intervención divina.
Este fenómeno, sin embargo, no parece confinado a la Cristiandad, según ha señalado el investigador Harold Wilkins al referirse a los relatos acerca de una esvástica vista en el cielo por los nazis de un pueblo al norte de Alemania, en 1937.
Wilkins recogió en su obra “Extraños misterios del tiempo y del espacio” de 1958 otros ejemplos históricos de interés. Por ejemplo, en 1954, en Freiburg, hubo gente que declaró haber visto a Jesucristo sentado sobre un arco iris como si fuera a anunciar el Juicio Final.
Tras una violenta tormenta, Cristo también apareció en la cruz y acompañado de ángeles con arpas en los cielos ingleses de Bath, en 1905; y en Ipswich, durante un ataque aéreo, en abril de 1944, cientos de personas tuvieron otra visión de Jesús en la cruz.
Tras su exhaustiva investigación, Wilkins concluyó que “no existe nada más extraño que la mente humana, especialmente en épocas de guerra y de grandes tumultos”.
Numerosos ejércitos fantasmales han sido vistos a lo largo de la historia de los humanos. Entre los ingleses se conoce una multitud de episodios de este tipo.
Tras la batalla de Edgehill, una terrible contienda en la que intervinieron más de 40.000 hombres, que fue la primera batalla importante de la Primera guerra civil inglesa y que tuvo lugar cerca de Kineton en Warwickshire, el 23 de octubre de 1642, los pastores de la región vieron en el cielo apariciones de caballería y soldados espectrales.
En las colinas donde habían perecido unos 2.000 hombres, también escucharon un extraño estruendo guerrero. El resultado de esta batalla fue la victoria de las tropas parlamentaristas al mando del Conde de Essex sobre las tropas Realistas de Carlos I de Inglaterra comandadas por el Príncipe Ruperto del Rin, lo que imposibilito a los realistas tomar Londres y así asegurarse una victoria rápida sobre los Parlamentarios. A partir de esta batalla se iniciaron tres años de guerra civil.
En navidad, la batalla “fantasmal” se repitió y un editor londinense, Thomas Jackson, entrevistó a varios testigos, publicando un informe en enero de 1643. El coronel Sir Lewis Kira y otros emisarios enviados al lugar por el rey Carlos I, no sólo confirmaron los testimonios sino que tuvieron ellos mismos la posibilidad de contemplar el combate fantasmal en dos ocasiones e incluso reconocieron a algunos de los soldados fallecidos.
La batalla fantasma de Edgehill tiene un curioso paralelo en España, localizado en el desfiladero de Roncesvalles, Navarra, escenario de la derrota de las tropas francesas al mando de Roldán, sobrino del emperador Carlomagno, en al año 778. Se dice que en las noches de luna llena se escuchan allí los sonidos de aquel trágico encuentro: oraciones, gritos de agonía... y acaso también el lejano sonido del cuerno de caza con el que Roldán moribundo pidió auxilio.
En 1904 un grupo de escolares caminaba hacia la colina de Marplit, cerca de Honiton, en Devon, cuando vieron a un hombre al que creyeron un loco, vestido con un sombrero negro de alas anchas y una larga chaqueta de color castaño salpicada de barro. Curiosamente, el maestro que acompañaba a los escolares fue el único que no vio la aparición. El aspecto aturdido y exhausto del hombre asusto a los niños. Las investigaciones posteriores revelaron lo siguiente: en 1685, un hombre que vivía en una granja de la colonia de Marplit consiguió escapar de la carnicería que se produjo en la batalla de Sedgemoor -durante la rebelión del duque de Montmouth contra el rey Jaime II y regreso a su casa. Pero en el preciso momento en que su mujer y sus hijos se aprestaban a darle la bienvenida, una turba de soldados se acercó y derribó al hombre con sus espadas.
En 1645, una nueva batalla en Naseby, Northamptonshire, también se repitió de forma espectral. Al parecer, los lugareños se congregaban en una colina cercana para verla y sentir el fragor de la contienda.
En 1745, unas treinta personas pudieron contemplar un ejército de fantasmas que marchaba sobre el cielo de Souter Fell, en Cumbria, durante la época de la rebelión de los jacobitas. Además, en el mismo sitio donde en 1746 se llevo a cabo la batalla de Culloden, se ha visto repetidamente a guerreros fantasmales.
La Batalla de Culloden ocurrió el 16 de abril de 1746 y fue el choque final entre Jacobitas y partidarios de la Casa de Hanóver durante el levantamiento jacobita de 1745. Fue la última batalla librada en suelo británico, y supuso para la causa jacobita, que defendía la restauración de la Casa de Estuardo en el trono británico, la derrota definitiva de la que nunca se recuperó.
También se conocen casos similares en América. Son famosos los ejércitos fantasmales de Lewisburg, Virginia, en 1863.
Soldados espectrales también fueron vistos en Mohan, India, en 25 de febrero de 1858.
En Alcoy, Alicante, donde se celebra una de las más vistosas fiestas de moros y cristianos de España, es muy conocida la leyenda de la aparición milagrosa de San Jorge. En el año 1276 regresaba de Granada el moro Abú-Abdalá-ben-Huzdail, más conocido por Al-Azraq (“el Azul”), a causa del color de sus ojos, acompañado de doscientos cincuenta jinetes. El rey don Jaime envió a cuarenta de sus caballeros hasta Alcoy para enfrentarse con las huestes invasoras. Estas atacaron el 23 de abril por el flanco oeste de la villa. Sorprendidos mientras celebraban misa, los cristianos acudieron al encuentro de sus enemigos, encabezados por el sacerdote Mosén Torregrosa. La batalla acabó con la retirada del ejército moro, tras sucumbir Al-Azraq al ser alcanzado por una flecha. Las crónicas de esta victoria relatan con todo detalle cómo los moros gritaban que habían visto sobre las almenas a un jinete montado en un caballo blanco, al que llamaron “Walí”. Los cristianos lo identificaron como San Jorge y sostuvieron que había acudido en su defensa.
En Santiago de Querétaro, en un paraje famoso conocido como loma de Sangremal, se produjo un acontecimiento de enorme importancia para la historia de México. Allí tuvo lugar la última batalla que los indios chichimecas, con don Lobo y don Coyote a la cabeza, libraron contra los conquistadores españoles, comandados por Hernán Pérez, que contó con el apoyo de otomíes, purépechas y tlaxcaltecas, tribus convertidas al cristianismo.
Estos nativos aliados de los españoles estaban dirigidos por el indio Conin, que tras su bautismo adoptó el nombre de Fernando de Tapia. Según la leyenda, conscientes los chichimecas de que su resistencia sólo traería mayores desgracias a su pueblo, decidieron enfrentarse con sus enemigos en una última batalla de honor, sin armas. No obstante, tanto fue el entusiasmo que desplegaron los chichimecas que pusieron en fuga al ejército español y sus aliados. Ante esta inesperada debacle, los conquistadores se encomendaron a la protección del apóstol Santiago. La fecha de la batalla, 25 de julio de 1531, no podía ser más propicia al venerado santo, al coincidir con su propia festividad. Según relata la leyenda, la súplica obtuvo una respuesta inmediata: de pronto se oscureció el Sol y pudieron verse las estrellas en pleno día, al mismo tiempo que aparecía una luminosa cruz de color rosado y el apóstol Santiago cabalgando sobre un caballo blanco en el cielo. Aprovechando el estupor de los chichimecas, sorprendidos y desconcertados por la visión celestial, los españoles y sus aliados recuperaron fuerzas y, estimulados por el milagro, acabaron ganando la batalla.
¿Acaso la intensa emoción y el agotador esfuerzo del combate favorecen los fenómenos psíquicos de estas características o se trata simplemente de leyendas?
Se han propuesto dos explicaciones en relación con estas apariciones de ejércitos y batallas fantasmas. Podrían deberse a la reproducción de las imágenes visuales y sonoras del acontecimiento original debido a la información almacenada en el entorno físico del lugar. En circunstancias favorables de orden meteorológico, por ejemplo, los sucesos sería “retransmitidos” para crear en las mentes de los testigos especialmente sensibles la impresión de que estaban reviviendo lo acontecido. Es decir, podría tratarse de un proceso activado por las mentes de los testigos capaces de interactuar con la información registrada en el entorno físico.
La otra explicación apunta a auténticos “saltos en el tiempo” en los que pasado y presente o presente y futuro llegan a coexistir de manera temporal.
En la Segunda Guerra Mundial hubo otro episodio similar al de Mons entre las tropas finlandesas que luchaban contra los rusos en Mannerheim, y aún en la actualidad los ángeles siguen manifestándose a las personas tanto o más que a los soldados de las guerras mundiales o a los monjes del medioevo.
Varios investigadores han pretendido explicar estas imágenes celestiales de ejércitos fantasmales, ángeles, santos, crucifijos y otras figuras mediante argumentos meteorológicos, como formaciones raras de nubes, extrañas configuraciones de la niebla o manchas resplandecientes de plasma creadas por descargas eléctricas en la atmósfera. Otros argumentas que se trata de enjambres de insectos o ilusiones ópticas.
Muchos de los ejércitos fantasmas registrados por charles Fort, quien vivió entre 1874 y1932 y fuera un investigador estadounidense conocido por dedicarse al estudio de hechos supuestamente no solucionados por la ciencia de su época, se han atribuido a espejismos y a formas proyectadas por pensamientos colectivos, es decir, materializaciones visibles de las creencias, preocupaciones y esperanzas de socorro de la comunidad, originadas durante períodos de estrés o crisis mediante algún proceso paranormal que la ciencia convencional aún no puede explicar.
El investigador Harold Wilkins ha propuesto que se trata de un fenómeno Psico-neural que puede producirse en tiempos de gran emoción, miedo y estrés; las imágenes visualizadas parecen proyectadas sobre un fondo de nubes. Se trataría de una experiencia de carácter subjetivo; por esta razón algunas personas perciben imágenes de apariciones fantasmales, mientras que otras, en idéntica situación y al mismo tiempo, no pueden verlas.
Por su parte, al referirse a estas y otras visiones de imágenes religiosas, el investigador norteamericano Scout Rogo señaló en su obra “Más allá de la realidad” que representan formas de pensamiento que irrumpen en la realidad física. Esto ocurre normalmente en naciones católicas, cuando es necesario.
En épocas de grandes conflictos religiosos y sociales, la gente de estas comunidades recurre a la fe en sus creencias para sostenerse emocionalmente. Sus oraciones y preocupaciones establecen de alguna manera contacto entre dicha comunidad y un sistema de realidad aparte que les responde enviando una figura desde el misterioso reino celestial. Este mensajero celestial estaría “programado” por el grupo o la comunidad para responder a determinados conflictos.
De acuerdo con la perspectiva del investigador Scout Rogo, no puede negarse que los “Ángeles de Mons” funcionaran como un arquetipo reactivado, capaz de conferir beneficios psicológicos inmediatos a quienes experimentaron las visiones y de transmitir alguna clase de mensaje destinado al mundo en general.
En la década de los años 40, el investigador Gilbert Murray, autor de la obra “Cinco escenarios de la religión griega”, donde recoge numerosos casos de apariciones de dioses y semidioses en diferentes batallas, señaló que los hombres primitivos entendieron mejor que los hombres actuales las visiones y voces de dioses y demonios de todo tipo.
¿Cuántas nuevas visiones están por venir en un mundo tan convulsionado como el actual? ¿Serán mejor comprendidas que en la antigüedad y que ahora?
¿Mantiene aún la humanidad la necesaria capacidad de asombro para sorprenderse ante una aparición colectiva de gran magnitud?
Fuente: “Los guerreros del Cielo; apariciones sobrenaturales en las batallas” de José Antonio Iniesta. Adaptación: Marcelo Quiroga |
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