lunes, marzo 14, 2011
Control mental… la lucha contra la conquista invisible
Las fuerzas dominantes están en guerra de conquista, y el nuevo teatro de operaciones, la batalla final, ya no se desarrolla en espacios físicos abiertos sino dentro de la propia cabeza de los humanos. Esa guerra es invisible, si no tiene el programa y la configuración mental para detectarla, el individuo se convertirá de a poco, y sin sospecharlo, en un robot mutante de los conquistadores creyendo que actúa por voluntad propia.

La persona no lo sabe, pero se ha transformado en el cobayo, el blanco y el módulo experimental de una nueva estrategia de dominio para convertirla en un robot satisfecho del mundo diseñado por sus propios conquistadores.

Mientras trabaja, mientras descansa, mientras piensa o ejecuta, mientras se divierte, un ejército invisible se apodera de su mente, de su conducta y de sus emociones. No puede hacer nada para evitarlo, por la sencilla razón de que no lo ve ni sabe de qué se trata.

En esta guerra que se disputa dentro de su cabeza, el nuevo teatro de operaciones es invisible, las acciones de conquista no son militares sino psicológicas.

Los blancos ya no son físicos (como en el orden militar tradicional) sino psicológicos y sociales. El objetivo ya no apunta a la destrucción de elementos materiales, sino al control del cerebro humano.

Ya no se trata de una guerra por conquista de territorios, sino de una guerra por conquista de cerebros, donde el blanco principal es la totalidad de las personas.

El objetivo ya no es matar, sino controlar. Las balas ya no apuntan al cuerpo, sino a las contradicciones y vulnerabilidades psicológicas para convertir a la persona en un soldado mental de su civilización y de sus valores.

Durante todo el tiempo, la mente de los individuos y su psicología están siendo sometidas a operaciones extremas. Una guerra sin frentes ni retaguardias, una guerra sin tanques ni fusiles, donde cada uno es, a la vez, víctima y victimario.

A diferencia de las guerras militares, aquí el conquistador no está afuera sino adentro de los pensamientos y de la conducta de la gente. En esta guerra no hay cárceles ni encierros. El carcelero es la persona misma.

Los conquistadores ya no necesitan torturar para sacar información, las personas mismas proveen información por medios inimaginables

Nadie busca el cuerpo del otro, a los conquistadores no les interesa el alma, no les interesa lo que las personas piensen o digan. Les interesa el procesador humano, la mente, para actuar sobre las emociones, manipular la voluntad, programar paso por paso los pensamientos y la conducta de la gente. Vaciarlas de voluntad, convertirlas, en zombis sedados y sin perturbaciones.

Ellos a las personas muy vivas, rozagantes, llenas de ilusiones, con pautas familiares, con pautas amigueras… ¡amigueras! No de profunda amistad. Quieren individuos sin conflictos ni contradicciones con el mundo que los rodea. Quieren un animal social, integrado, amable, dialoguista, pacífico. Un individuo sin más trámite, un ser pensante sin mucho espacio, que más que interrogarse sobre el mundo, se interrogue continuamente sobre el entorno que lo rodea… ¿Quién ganará el partido? ¿Quién triunfará en las elecciones? ¿A quién echarán de Gran Hermano? ¿Cómo llegaré a fin de mes?

La guerra para conquistar a las personas, aunque no la vea nadie y nadie ni siquiera sospeche, está instalada durante las 24 horas de cada día que transcurren todos los humanos, sin excepción.

Cuando una persona se levanta, cuando se acuesta, cuando abre la heladera, cuando enciende la televisión o la computadora, cuando se entretiene, cuando hace el amor, cuando contrae matrimonio, cuando se divorcias, cuando está de vacaciones, cuando se compra su ropa favorita, cuando chatea, cuando se conecta a Facebook, cuando besa a sus niños, cuando consume fiestas y productos, tiene una guerra de conquista funcionando en su cabeza sin que lo sepa.

La situación de la gente, varía objetivamente entre seguir como hasta ahora (víctima y soldado de su propia destrucción) o tomar la ofensiva para darles la batalla a sus conquistadores en el terreno adecuado.

Para combatir con cierta chance contra sus conquistadores en esta guerra invisible, es preciso primero conocer el teatro de operaciones donde se desarrolla; y ese teatro de operaciones es nada menos que el cerebro.

¿Qué es el cerebro? ¿Cómo se configuran y programan los pensamientos y la imaginación? ¿Qué convierte a la persona en ser humano y no en animal? ¿Que la convierte en objetivo de una guerra de conquista invisible que tal vez le parezca ciencia ficción?

¿Porqué los conquistadores ya no utilizan las balas ni la fuerza física para dominar a la gente?

¿Y porqué y para qué han convertido a las personas en variable de ajuste de una guerra psicológica sin fronteras?

No eres como crees

No eres, como crees, un ente individual que funciona por ideas venidas del cielo o de tu genio creativo. Lo que tú crees que son tus pensamientos propios, vienen de un programa instalado en tu cerebro que sólo descubrirás cuando sepas cómo funciona y cuáles son sus contenidos.

Tu cabeza, que no es poca cosa.

Tu cabeza es un campo de experimentación y un teatro de guerra que los conquistadores usan para dominar tu mente y controlar tu conducta y tus emociones. Eres un cobayo, un embrión humano sin terminar del autómata del futuro. Por ahora, sólo eres un consumidor de ideas y programas ajenos, creyendo que piensas por ti mismo.

Tu cabeza, es por donde empieza todo. Un largo camino disciplinario, de programación niveladora, que te va a convertir en un modelo final de autómata satisfecho del sistema. Y lo peor, creyendo que tienes pensamiento propio.

Seguramente dirás ¡Oye, qué dices, si yo pienso por mí mismo? No, no piensas por ti mismo. Piensas por medio de un programa, cuya creación no te pertenece. Y no es un programa de Windows o de esos que usas habitualmente para entretenerte con tu computadora adosada a tu cerebro. Los conquistadores quieren que tú y los demás piensen que razonas y actúas por tu propia voluntad. Quieren que pienses que eres autosuficiente. Que te la sabes todas, porque manejas tecnología digital de última generación. Para ellos, esa tecnología que te dejan disfrutar es sólo un pequeño porcentaje de lo que realmente existe y ha sido desarrollado. No quieren que conozcas la totalidad de los recursos tecnológicos; así como tampoco quieren que conozcas tu propio potencial mental y espiritual.

Cuando al final del viaje hacia la razón y la observación descubras la realidad por ti mismo, tu asombro no tendrá límites. Y descubrirás un programa nuevo. El tuyo.

O seguramente también dirás ¡A mí ese argumento no me cabe, yo soy de izquierdas, y a mí este sistema no me molesta! Lamento informarte, tu izquierda no llegó al cerebro. Sólo llegó a la ideología. Y la ideología (que no es pensamiento racional) forma parte del programa de los conquistadores. Ellos quieren que tú pienses que puedes cambiar el mundo con ideología y sin saber de que se trata el sistema. Quieren que pienses que eres “antisistema” para adosar un toque “alternativo” falso a su propio sistema de dominio. Tú eres un cobayo más, cuando lo descubras, seguramente sustituirás la ideología por la observación, la investigación y el pensamiento procesado. Sólo ahí tendrás tu propio programa. Mientras tanto, eres territorio de conquista creyendo ser tu propio conquistador.
Durante las 24 horas del día, sin descanso ni interrupción, eres el cobayo, el blanco y el módulo experimental de una nueva estrategia de dominio para convertirte en un robot satisfecho del mundo diseñado por tus propios conquistadores.

Primera consigna: Si quieres conocer a tus conquistadores, sus maneras de operar, sus estrategias, sus tácticas de infiltración, debes conocer primero el territorio donde operan: tu cerebro (tu máquina procesadora humana) y sus programas (tus pensamientos y conductas).

Hardware y software

Según Wikipedia, el cerebro “es un órgano del sistema nervioso rico en neuronas con funciones especializadas, localizado en el encéfalo de los animales vertebrados y la mayoría de los invertebrados. En el resto, se denomina al principal órgano ganglio o conjunto de ganglios”.

¿Y para qué se usa el cerebro? Wikipedia dice que… para pensar.

¿Pensar qué y para qué? Wikipedia no se ocupa de eso, y si lo hace, lo realiza por separado. Si quieres profundizar en el tema tienes que recurrir al razonamiento y a la observación. Por lo tanto debes tomarte tu tiempo.

En primer lugar debes comprender que no eres, como lo crees, un ente individual que funciona por ideas venidas del cielo o de tu genio creativo. Lo que tú crees que son tus pensamientos propios, vienen de un programa instalado en tu cerebro que sólo vas descubrir cuando sepas cómo funciona.

Aquí el primer axioma para llegar al conocimiento transformador: Tú no piensas, los programadores piensan por ti.

Pero no te aflijas, cuando más avances en la aventura de la observación y la intuición, cuando más profundices en tu verdadera raíz, irás descubriendo como te controlan, como te manejan hasta la última neurona y célula de tu cuerpo.

Sólo un programa alternativo al de los conquistadores, un modelo mental propio, puede devolverte tu humanidad perdida. Sólo cuando tengas tu propio modelo mental, tu propio procesador cerebral y programa, podrás ver a tus invasores. Antes no, son invisibles.

Segundo axioma: Tú no eres contenido sino continente. Tu cerebro es propio, pero tu mente no te pertenece. Pertenece al programa de tus conquistadores. A tus controladores invisibles.

Manuel Freytas
Periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.

La anulación de las personas por el miedo

La publicidad es la mejor herramienta con la que ellos cuentan para lograr sus objetivos; y ejemplos sobran: Los maniquíes de las vidrieras ya no tienen rostro ¿Qué significa? Significa que tú eres todos y nadie a la vez. Peor aún; existen maniquíes que ni cabeza tienen ¿Qué significa? Quieren decirte que tu cabeza no importa, total no es tuya; que lo importante es el resto del cuerpo y lo que los maniquíes te indican que te pongas.

Uno de los males mas arraigados actualmente en la gente es la ansiedad. Las farmacias venden muchos más ansiolíticos que nunca. Vaya casualidad, al mismo tiempo, una nueva generación de semáforos tienen una figura humana que corre más rápido a medida que se acaba el tiempo para cruzar. Aunque parezca increíble, algunas personas, sobre todo de avanzada edad, desarrollan una especie de ansiedad al cruzar la calle porque creen que cuando el hombrecito del semáforo deje de correr, ellos serán atropellados indefectiblemente si aún están en la calzada. ¿Locura? ¿Estrés?

Las personas, sobre todo los más jóvenes transitan permanentemente con los oídos anulados por dispositivos que reproducen su música ¿favorita? O su estación de radio predilecta, aún madres con niños pequeños y parejas de novios lo hacen; caminando, en bicicleta, en motos o en autos. Y cruzan sin mirar, sin escuchar. ¿Qué sucede? Es que acaso las frecuencias bajas, incluidas en las canciones de moda, transformadas en copias virtuales de extremada baja calidad como los formatos digitales mp3 o wav, han sido diseñados para inducir a una especie de sopor mental que no permite razonar correctamente y, mucho menos observar en detalle el entorno por el que se transita?

Lo mismo parece suceder con los dispositivos reproductores de imágenes como los mp4, videojuegos y teléfonos celulares, en los cuales ya no sólo es el sonido el que nos distrae sino también lo que se ve en esas diminutas pantallas. ¿Es que acaso han diseñado visores tan pequeños y de tan buen rendimiento para que focalicemos la mirada en ellos y vayamos perdiendo paulatinamente noción del entorno físico y, más aun, del suelo, del cielo, de que existe un horizonte, de los demás que conviven con nosotros, de los amigos?

Hasta los amigos ya son una simulación del sistema. Están en Facebook, en Twiter, en Myspace, en Sónico, en Youtube, en Tuenti, en Hi 5 y muchos de ellos no tienen rostro (como los maniquíes), muchos otros viven en una eterna mentira y unos pocos muestran abiertamente sus alegrías y tristezas, sus riquezas y sus pobrezas, sus pobres razonamientos y sus miserias. Esos son los “amigos” que hoy nos ha impuesto el sistema. La gente ya no es gente si no existe una fotografía que lo avale. Tal vez algunos de estos “amigos” estén junto a nosotros si nos quebramos un hueso o si nos da un ataque cardiaco pero ninguno de ellos estará en nuestro funeral.

¿Son estos tan amigos como los que se juntaban en las plazas, en los bares o en las fiestas? En esos lugares, cara a cara se decían las cosas más hermosas y más terribles. Ser amigo en esas circunstancias implicaba observar, razonar, meditar, tener empatía con el otro y emplear un lenguaje común, claro y explícito. Implicaba mirarse los rostros mutuamente y comprender las emociones y las intenciones. No se tenía una lista de amigos, no se los contaba ni se los clasificaba. Hoy, el sistema premia a quienes más “amigos” incorporen a su lista porque lo que ellos quieren es que todas esas personas “aceptadas” se comporten de la misma manera. ¿Será acaso un paso más hacia la automatización humana? Es más fácil convencer a toda una generación de autómatas que a cada individuo en particular.

La suma de publicidad mas miedo da como resultado la ansiedad seguida por el conformismo; eso se podría considerar como una especie de alienación.

El proceder del gran comercio de la industria médica se vale, y mucho de este elemento. Por ejemplo: una persona solicita turno con su médico porque se descubrió un pequeño lunar. La cita se la dan para dentro de una semana o diez días, si es que no está de vacaciones; sino será para dentro de un mes. Hasta el momento de la visita al médico pasaron varios días o semanas y el lunar creció, también creció la expectativa y el miedo.

El médico de cabecera revisa el lunar pero no puede diagnosticar ni recetar nada y la persona es “derivada” a un especialista, quien le da turno para dentro de quince días. Para cuando la persona sea vista por el especialista habrán pasado casi un mes y medio. El lunar creció un poco pero el miedo creció mucho más que el lunar.

El “especialista” revisa minuciosamente a la persona y “cree” saber lo que tiene pero, para salir de dudas, ordena una serie de estudios y análisis por métodos, a veces, invasivos.

Para estos estudios y análisis también deberá tomar un turno que puede ser para dentro de una semana y en algún horario insólito como las tres de la mañana. En ese lapso la persona tiene en su cabeza la idea de que le salió un lunar, de que ese lunar creció y de que el “especialista” tiene dudas (y si un profesional capacitado y bien formado académicamente tiene dudas, significa que el lunar que vio es raro, extraordinario y puede acarrear serios problemas). ¿Cómo puede una persona en este trance volver a su casa en armonía, con ánimo y equilibrada emocionalmente? El lunar creció aun más y ahora pica.

A la persona la someten a varios estudios muy costosos, generalmente en la misma institución a la que fue por primera vez o el alguna otra “asociada”.

Lo que llama poderosamente la atención es que, a pesar del desarrollo tecnológico que existe y del que muchos hacen gala mediante sus artilugios informáticos y dispositivos celulares, la persona del lunar deba esperar al menos una semana para ir a “retirar” los resultados de los estudios realizados. Cabe acotar que por más esfuerzo que haga, será incapaz de descifrar el lenguaje técnico en el que están escritas las conclusiones. Entonces ¿para qué hacen que el paciente retire los resultados? ¿Para que sume más miedo por no entender lo que le está pasando con su lunar? ¿Por qué no le remiten los resultados directamente al médico que los ordenó? ¿Por qué hacen que la persona deambule por la calle, en un bar o en su propia casa, llevando a cuestas un gran sobre (con la marca de la institución médica) conteniendo placas radiográficas, de resonancia magnética o de tomografías que, dicho sea de paso, no se pueden doblar?
¿Acaso no se dan cuenta de que esa persona, no sólo tiene un lunar que le creció y le pica y le causa miedo, sino de que también ahora carga con algo que aun no fue diagnosticado y que está dentro de un gran sobre blanco con la marca bien grande de la institución donde se atiende?

Andar de aquí para allá mostrándose con ese sobre que no se puede doblar equivale a portar un cartel que diga ¡Estoy enfermo! ¡Tengo mucho miedo! ¡No quiero morir!

El sistema es un sistema de símbolos. Todos los humanos, consciente e inconscientemente transmitimos e interpretamos símbolos. Las palabras nos las tragamos junto con las píldoras.

En algunas familias, mencionar la palabra “cáncer” es tabú y el profesional médico que al fin pudo descifrar el significado del lunar es puesto en un pedestal como la única persona del mundo que será capaz de luchar contra él hasta las últimas consecuencias.

En algunas familias, ese médico que trató el cuerpo y estrujó los bolsillos de la persona a la que le salió un lunar es considerado casi un dios, al que no se puede contradecir ni plantearle el por qué de los costosos estudios y procedimientos, siendo que el lunar se podía ver con una lupa.

Esto es sólo un ejemplo. No vale para la generalidad.

Lo que el sistema no tiene en cuenta es que, desde que la persona se descubrió el lunar hasta que finalmente le fue extirpado, pasaron varios meses de expectativa, miedo, ansiedad, desesperación, impotencia, cansancio físico y moral, esperas interminables en salas donde se podían ver otras personas con otras enfermedades, con otras desesperaciones, con otros miedos y todos con carteles con su nombre y su número de historia clínica. Aun así, la persona se siente “paciente”. Vaya ironía (porque realmente hay que tener mucha paciencia) y está conforme. ¡Eso querían ellos: que esa persona sea una más de los millones de conformistas en el mundo que por un vaso de agua, una palabra amable y un poco de aire acondicionado soporten largas horas de angustia, miedo y desesperación!

Las emociones negativas nos desgastan mucho y si nuestro cuerpo físico tiene alguna dolencia, esta se acentúa. La enfermedad se agrava cuando sabemos que estamos enfermos o cuando nos hacen creer que lo estamos

Ante algunos casos de bronquiolitis, neumonía o meningitis, los organismos de salud nos dicen que ante la menor duda consultemos inmediatamente a un médico pero… los servicios de medicina doniciliaria que pagamos tiene demoras, los hospitales públicos están colapsados y en los consultorios particulares debemos esperar hasta dos horas para que atiendan a nuestros hijos. ¿Qué pasa durante ese tiempo por las cabezas de esos padres? ¿Susto? ¿Miedo? ¿Angustia? Eso es justo lo que el sistema quiere. Gente con miedo, gente con angustia, gente desesperada.

¿Porqué nos asustan con síntomas, epidemias, pandemias, desastres sanitarios, (que los hay, por cierto, pero no en la medida que nos anuncian) si lo que más estragos nos causa son el miedo, la desesperación y la impotencia? Muy simple: Ellos quieren provocar eso. Porque las personas con miedo, con impotencia, con angustia; desarrolla un estado de estrés que la hace mas vulnerable al control.

Cerebro y mente

¿Qué es el cerebro y que es la mente? El cerebro es el hardware y la mente es el software.

¿Y quién programa tu mente? ¿Quién te adosa el software?

Los conquistadores, ellos te plantan el software y te lo actualizan durante las 24 horas.

Tu mente es una herramienta, que funciona con un software. Y un contenido que procesa tu cerebro. Tú eres el dueño de tu cerebro pero el dueño del contenido son tus conquistadores (los programadores).

La pregunta central sería: ¿Qué programación te plantan en el cerebro los conquistadores para controlarte?

Aquí tenemos dos problemas conceptuales a resolver para avanzar: Cómo funciona tu mente (la capacidad de ejecutar) y cómo funciona el contenido (tus valores y conducta social).

Te crees que eres un inventor: Pero tú no grabas nada propio en tu herramienta mental, todo te viene configurado y predeterminado. Lo único propio es tu cerebro (tu factor constitucional para desarrollar conductas y pensamientos), tu mente es prestada, prolijamente diseñada por tus conquistadores.

El punto no es saber que tienes una herramienta (tu mente) sino quién te la carga y con que programa funciona durante las 24 horas.

Herramienta

¿Qué es la mente? Básicamente, tu herramienta procesadora de supervivencia y de convivencia social.

Según Wikipedia: “La mente es el nombre más común del fenómeno emergente que es responsable del entendimiento, la capacidad de crear pensamientos, el raciocinio, la percepción, la emoción, la memoria, la imaginación y la voluntad, y otras habilidades cognitivas”.

Lo que seguramente no vas a encontrar en Wikipedia ni en ninguna enciclopedia del sistema es quién programa (y para qué lo hace) los contenidos de las funciones asignadas a la actividad mental.

Ninguna a enciclopedia del sistema nos habla del contenido del software que hace funcionar la mente humana. Sólo nos describe la funcionalidad dinámica, pero no nos describe el qué y el para qué de nuestros pensamientos.

En otras palabras, nadie describe al autor oculto de la programación que rige nuestro sistema de comprensión y de realización del mundo que nos toca vivir. Y eso no ocurre por casualidad. La casualidad no existe.

La mente, en primer lugar, procesa ideas mediante el pensamiento y resuelve el marco de la conducta humana, es decir, la acción.

Cuanto dices voy al cine, voy a cocinar, voy a jugar, voy a hacer la revolución, o voy a concebir un hijo para que me herede, recreas un aprendizaje vivencial (una conducta). Pero ese aprendizaje no funciona en el aire. Para que exista el pensamiento abstracto (lo que nos diferencia de los demás animales) debe haber un marco de referencia social. O sea debe haber un contenido escrito dentro de tu software (el programa de acción).

Aquí entonces, es donde tu mente (tu herramienta cerebral) ingresa en el terreno social. En el terreno de la convivencia humana, donde tú supones que te realizas y te construyes según tus propias ideas (que más adelante vas a comprobar que no son tuyas). O sea, ingresas en el terreno del programador (o sea, el conquistador), creyendo que ingresas en una sociedad de libre albedrío.

¿Cómo se programa tu mente?

Dejando de lado a los curas que tienen la teoría de Dios, los psicólogos del sistema te dirán que tu mente y su recámara (el inconsciente) se programan a partir de tu familia y de tu experiencia individual dentro de la sociedad.

La pregunta que no pueden responder los psicólogos del sistema es: ¿Quién programa a la sociedad?

Ese es el punto por donde se empiezan a filtrar tus conquistadores mentales.

Configuración

Para conocer cómo funciona tu herramienta de pensamiento y acción (la mente) debes conocer de dónde vienen los contenidos referenciales de tus pensamientos y códigos de conducta social.
¿Sabes que si al nacer te hubieran abandonado en una selva sin contacto humano, no tendrías pensamiento humano?

¿Y que serías? Si lograras sobrevivir no serías un ser humano, sino un animal humano que desarrollaría en su cerebro un programa de comportamiento y supervivencia adaptado al entorno.

Tendrías que cazar como los animales, gruñir como los animales, y defender tu territorio matando como los animales. En otras palabras, no serías un ser humano sino un animal con cerebro humano programado por el entorno de supervivencia de la selva. Deberías sobrevivir registrando en tu cerebro un programa aprendido de conductas animales. Si en vez de caer en la selva, cayeras en un lugar vacío, sin puntos de referencia, no serías nada. Estarías en blanco. No tendrías pensamiento.

Eso explica que tienes pensamiento (mente), porque tienes punto de referencia, en este caso, no la selva sino la sociedad en la que convives.

Y eso a la vez explica que los contenidos de tus pensamientos provienen de un registro procesado de tu entorno social (y del mundo) de donde mamas tus conductas de convivencia y de supervivencia.

Tus pensamientos, tus procesamientos mentales, no nacen del aire, provienen de un código, de un marco referencial de reglas y normas sociales aprendidas que le dan sentido y explican tus conductas y acciones.

Tú no piensas desde ti, desde tu exclusivo ámbito individual, sino que lo haces en interactividad con el mundo. Y el mundo, sólo se hace real a partir del programa que cargas en tu cerebro.

Y el mundo que llevas en tu cerebro, es el mundo que tus conquistadores quieren que veas. Es el mundo que diseñaron para que hables, te comportes y pienses con valores y reglas de acción funcionales a sus intereses, a su civilización, a sus estrategias de control, establecidas como un “estado natural” de las cosas.

Captas y procesas información, experimentas emociones, interactúas pensamientos, te comunicas, emites y recibes dentro de un marco referencial. Tú no eres tú, sino tú y tu programa de procesamiento mental reflejado en el mundo. Y miras la realidad, miras el mundo, según el marco de valores referenciales codificados en tu mente.

Percibes los colores, las formas, los sonidos, las voces, y tienes un concepto de lo humano y lo inhumano marcado por tu programa de procesamiento mental.

El mundo, es lo que ellos quieren que veas. El mundo que tú ves es el programa que tienes incorporado. Tu mente recopila información, la procesa y la sintetiza dentro de parámetros fijados dentro de un código que manejan los bancos, la medicina, la educación y el entretenimiento.

Si pudiéramos formatearnos el cerebro, si le cargáramos un nuevo programa, veríamos y procesaríamos el mundo de otra manera. Seguiríamos utilizando las mismas herramientas (cerebro, mente y procesamiento) pero la concepción y visión del mundo serían otras.

El nuevo programa podrá comenzar a construirse cuando los manipuladores mentales dejen de ser invisibles. Cuando podamos comprender por nosotros mismos que si la realidad en la que nos desenvolvemos tiene graves falencias en detrimento del ser humano, de todos los seres vivos y del planeta todo, sólo es cuestión de cambiar el programa mediante nuestra propia decisión.

Ninguna decisión será perjudicial para nuestro entorno cuando encontremos nuestra verdadera, esencial y propia identidad. Podremos comenzar a mirar y a pensar el mundo de otra manera.

Nuestro cerebro es el medio, nuestra mente la herramienta y el contenido.

Existimos, tenemos una limitada vida mental y torpe conducta social, porque tenemos un programa y un marco referencial de pensamiento impuesto y registrado en la mente.

Ese programa y sus contenidos, son el reflejo de la sociedad que nos agobia, que nos limita y que nos vulnera sin piedad.
Sólo de nosotros depende deshacernos de la matriz que nos rige y que hizo de nuestro mundo una especie de maqueta en la que todos somos títeres colgados desde las sombras.

Nuestro verdadero universo está allí, sólo es cuestión de ponerse a pensar y darle la mejor forma posible.

Pensar no duele, no cuesta dinero ni nos desgasta. Al contrario, nos fortalece.

Marcelo Quiroga

Sitios recomendados:

• http://www.wariscrime.com/2009/01/30...-mind-control/
• http://www.wariscrime.com/2008/12/15...nd-of-silence/
• http://www.zimbio.com/blogtopicz/art...V+Mind+Control
• http://www.pyrabang.com/view.php?ref...3&visitor=true
• http://forum.prisonplanet.com/index.php?topic=99054.0
Enviado por otras alternativas a las 12:05 AM  
1 Comentarios:
  • A las9:58 AM, marzo 14, 2011, Anonymous Anónimo comentó...…

    Agrego que, en los barrios existen laboratorios cuyos análisis por lo general dan bien, porque sale más barato no hacerlos, no gastar en reactivos ni nada de eso, si el paciente está "más o menos bien" a simple vista, realmente no los hacen, entregan un papel con resultados promedio, para el sexo y edad del paciente.

     
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