domingo, noviembre 23, 2008
Los niños hiperactivos y las pastillas para que no molesten
La modernidad y las nuevas pautas sociales y culturales nos han puesto de cara a una enfermedad que tal vez ni existe, a un remedio que sirve a los familiares, pero no a los pacientes, y a una ola de drogodependencia legalizada: Es la amenaza más terrorífica de los últimos tiempos.

El niño no estudia. No quiere hacer su tarea. No quiere ni oír hablar de preparar exámenes. No escucha en clase, porque siempre está hablando con los compañeros a su lado. No hay día que pase sin que provoque algún revuelo en el recreo o en el transporte escolar. Los castigos no sirven para nada. Se cierra a cualquier intento de hacerle aprender. No escucha nunca, tiene la cabeza en otro lado. Lo obligan a leer un texto diez veces y luego no se acuerda ni de la mitad. Es el calvario sin fin de millones de padres. Y lo verdaderamente importante sería comprender cual es la clave del problema. Porque quien sufre es el niño. Pero el calvario se lo solemos adjudicar a padres y maestros. El niño sufre, pero se secuestra su sufrimiento y se lo pasa a los mayores. El niño pasa de ser sujeto a objeto -y por lo tanto pierde el control sobre su vida. Padres, maestros, autoridades escolares y, por fin, los médicos, definen el problema y proponen los caminos a seguir para solucionarlo.
A veces el camino simple y directo parece lógico: el niño se siente mal, el maestro constata que tiene fiebre y lo manda a casa. Los padres lo llevan al medico, y este diagnostica gripe.

¿Pero que pasa con el alumno problemático? Pues la ciencia médica esta aplicando la misma vía simple y directa para un problema mucho más complejo: una vez descubierta una enfermedad, se puede buscar un remedio, si posible una pastilla fácil de tragar. Y Padres y profesores suspiran de alivio. Porque una enfermedad se trata con fármacos, y con suerte se cura. Así el entorno familiar y escolar del niño se libera de una grave responsabilidad: ya no hay que entender al niño, sólo hay que tratarlo.
Millones de padres y maestros se están convirtiendo en narco-proveedores legales de sus hijos, administrándoles fármacos para domarlos, generalmente uno llamado Ritalin (fabricado por Ciba-Geigy, una división del gigante farmacéutico Suizo Novartis). Esto pasa sobre todo en Estados Unidos, en Canadá y en Europa, pero como todas las modas, también se expande el uso de la droga en todo Latinoamérica.

La enfermedad

El Síndrome de Déficit de Atención, comúnmente llamado “hiperactividad”, presenta dos síntomas principales que son la agitación y la falta de concentración. A los niños difíciles les cuesta fijar la atención en una cosa por largo tiempo, son distraídos. Se mueven mucho, golpean la mesa con los dedos durante las comidas, no pueden estar quietos en sus sillas, continuamente tienen que cambiar de actividad. Incluso corren por la calle cuando podrían caminar. Son “síntomas” de comportamiento normal de cualquier niño, pero se pueden convertir en problema a partir de un cierto grado de intensidad. ¿Pero cuál es este grado? ¿A partir de cuándo se puede diagnosticar una enfermedad? Decimos que tenemos fiebre si la temperatura de nuestro cuerpo pasa de los 37 grados. ¿Pero como medir la hiperactividad? Parece que la enfermedad de un niño empieza donde acaba la paciencia de los padres y de los profesores.

Muchos médicos refutaron tales argumentos con definiciones clínicas. Pero sus tablas de síntomas son menos científicas de lo que piensan. Según el psiquiatra Americano Peter R. Breggin no hay pruebas para la existencia de una enfermedad que pudiera causar el Síndrome de Déficit de Atención. No se han detectado nunca diferencias orgánicas en los cerebros de niños hiperactivos. No hay reacciones bioquímicas diferentes, y nunca se ha detectado anomalía cualquiera. El único “cuadro sintomático” en el que se apoyan los médicos para detectar la hiperactividad es el comportamiento. Desde hace 20 años por lo menos médicos y psiquiatras libran una batalla en Estados Unidos sobre la cuestión de si se puede tratar con fármacos algo que tiene una base científica tan tenue. Lo único de demuestran los ensayos clínicos hasta ahora es que no hay cura, sólo hay niños drogados.

El remedio

El fármaco más usado contra la hiperactividad es el Ritalin, cuyo factor activo se llama Metilfenidato. Es un estimulante que tiene el efecto “paradójico” de calmar personas agitadas. Fue descubierto en los años 40 y autorizado su uso por la FDA (Federal Drug Administration) del Gobierno de EE.UU. en 1956. Se puso de moda esta droga antigua sobre todo durante los años 90. Entre años 1990 y 1995 se duplicó el número de pacientes tratados. Desde 1990 hasta la actualidad el uso de Metilfenidato se ha multiplicado por siete. Un 90 % de la producción mundial del producto es consumido en Estados Unidos. En este país, hasta 4 millones de niños toman Ritalin. Según la prestigiosa revista inglesa “New Scientist” el uso de Ritalin “es uno de los fenómenos farmacéuticos más extraordinarios de nuestro tiempo... En algunas escuelas, 15% de niños son diagnosticados con Síndrome de Déficit de Atención, y la distribución de Ritalin ya es parte de la vida diaria de muchos colegios”.
El éxito comercial es sorprendente, tratándose de un fármaco muy peligroso. Tomar más que la dosis indicada puede producir vómitos, alucinaciones, convulsiones y llevar al coma. Los efectos secundarios son falta de apetito, problemas para dormir, tics nerviosos, nauseas, ansiedad, tensión y nerviosismo. El uso de Ritalin puede llevar a manías, a sicosis y finalmente a la drogodependencia.

De hecho, el abuso de Ritalín es muy común. La DEA, policía antidroga norteamericana, pone este remedio en la misma categoría que la cocaína. Está entre los 10 fármacos más buscados en robos de farmacia en Estados Unidos.
El único efecto de Ritalin es impedir el funcionamiento normal del cerebro -no se han detectado otras cualidades. La revista especializada New Scientist reconoce que el Ritalin “calma a niños hiperactivos y hace más fácil tratar con ellos”, pero en el mismo editorial advierte que “no hay ninguna prueba de que mejore su rendimiento escolar”. En estudios que duraron 14 meses no se detectó ninguna mejora en la escuela ni en la capacidad de relacionarse socialmente de los niños tratados con Ritalin.

¿Control social?

Entonces ¿por qué se usa? Calmar es la palabra mágica. A corto plazo Ritalin calma la actividad espontánea, creativa y autónoma de los niños. Son más obedientes y cumplen con tareas aburridas. No se tiene en cuenta la experiencia subjetiva del niño al hacerle tomar el medicamento. Lo único que importa es el resultado, el comportamiento socialmente aceptable del niño. El niño no es sujeto, es objeto -y lo único que importa es que no moleste. Lo grave de la experiencia norteamericana es la intromisión de las escuelas: si se acepta la existencia de la enfermedad y la eficacia del fármaco se da vía libre a una política de drogar sistemáticamente a todos los niños rebeldes. Hay estudios que demuestran, por ejemplo en Montreal, la prevalencia de la hiperactividad y del uso de Ritalin en escuelas de barrios pobres. ¿Porque se “enferman” más estos niños? Es evidente que los factores sociales -en la familia y en el barrio- influyen en el comportamiento social de los niños. También es probable que en las clases acomodadas hay más posibilidad que los padres se tomen la molestia (o por lo menos el gasto) de buscar un psicólogo antes de bombardear químicamente a su hijo.

No existen evidencias de una teoría conspirativa -no se trata de una decisión malévola tomada en algún oscuro despacho de gobierno. Y si hubiera tal conspiración, no sería éste el problema -lo realmente grave es la facilidad con la cual nuestra sociedad acepta ser manipulada, acepta la solución fácil de la pastilla. La desesperación de padres desbordados por un problema que no entienden es trágica- y quizás sea normal que busquen el camino de menor resistencia. Si el problema de su hijo es una enfermedad, nadie tiene la culpa. Pero replantearse comportamientos en la familia y en la escuela significa replantearse a sí mismos y replantear las instituciones que nos rodean. Es un paso que pocos se atreven a dar. Es más fácil empastillar al hijo.

¿Nueva ofensiva de Ritalin?

El éxito de Ritalin en el mercado norteamericano es impresionante. En Europa tuvo algunas dificultades para entrar. En el prestigioso diario liberal holandés “NRC-Handelsblad” apareció un gran artículo sobre Ritalin pero no contenía nada nuevo, ningún dato, ninguna gran prueba clínica nueva. Los “niños-ejemplo” eran conmovedores, sin duda, pero la historia estaba lejos de tener el valor literario para merecer tal despliegue. ¿Estaba tan falto de material el editor que tuvo que poner una historia que se podía haber publicado en cualquier día de los últimos 20 años? Algo se estaba tratando de ocultar. Un médico holandés le confió a otro médico amigo que en los centros de detención juvenil ponen Metilfenidato en la comida para calmar a los internos.

¿Qué es la hiperactividad?

La crítica negativa deja desamparados a los que sufren el problema. Es más fácil creer al médico que buscar alternativas.

Existen indicios de que factores medioambientales pueden causar síntomas de hiperactividad. El New York Times publicó el 2 de noviembre de 2008 un articulo bajo el título: “Un cambio de dieta puede evitar el uso de Ritalin”. Un informe reciente sobre los 23 mejores estudios clínicos de los últimos 20 años sobre la hiperactividad llega a la conclusión que la alimentación puede influir en los “desordenes de comportamiento” de muchos niños. Colorantes o otros aditivos, o incluso los mismos alimentos pueden causar hiperactividad en niños.

La alternativa valedera sería que si algunos alimentos –sobre todo la comida chatarra- causan Síndrome de Déficit de Atención lo más apropiado es suministrarles a los chicos una alimentación más sana y cuidada. Pero lo difícil es que los padres y maestros dispongan del tiempo y el interés necesario para hacerlo. La pastillita es más rápida y eficaz.

Walter Tauber



El Dr. Thomas Szasz, Profesor Emérito de Psiquiatría en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad del Estado de Syracuse, Nueva York, y autor de más de 25 libros, aclamado a nivel internacional como “uno de los escritores más importantes en el campo de la psiquiatría actual”, escribe: Basándose en una encuesta sobre la salud de la nación, la revista Parade llegó a la conclusión de que la depresión “ocupa el tercer lugar entre las ‘enfermedades’ más comunes”. Pero cuando se les preguntaba a los encuestados: “¿Qué es lo que más te preocupa sobre tu salud en el futuro?, no mencionaron la depresión, les preocupaba el cáncer y las enfermedades del corazón. Aunque la gente ha aceptado la clasificación de la depresión como una enfermedad, no les asusta tenerla, porque en forma intuitiva reconocen que es un problema personal, no una enfermedad. Les asusta tener cáncer y enfermedades cardiacas porque saben que son enfermedades, verdaderos problemas médicos, no sólo nombres.

Allen J. Frances, profesor de psiquiatría del Centro Médico de la Universidad Duke y director del equipo de trabajo del DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), escribió lo siguiente: “El DSM-IV es un manual de trastornos mentales, pero de ninguna manera explica con claridad lo que es un trastorno mental... Es discutible que exista un término peor que trastorno mental para describir las condiciones que el DSM-IV clasifica”. Entonces: ¿Por qué la Asociación Psiquiátrica Norteamericana sigue usando este término? La función primaria y la meta de la Asociación médica es dar credibilidad a la afirmación de que ciertos comportamientos, o dicho en forma más correcta, ciertos malos comportamientos, son trastornos mentales y que tales trastornos son, en consecuencia, enfermedades médicas. Por tanto, el juego patológico tiene la misma categoría que un infarto de miocardio. De hecho, la Asociación Psiquiátrica Norteamericana afirma que apostar es algo que el paciente no puede controlar; y que por lo general, los “síntomas” o “trastornos” del juego compulsivo pueden ser tratados con medicamentos, al igual que ciertos comportamientos compulsivos de los niños hiperactivos.
Explosión a Nivel Internacional para Tratar a los niños con Psicofármacos

En 1975, los autores Peter Schrag y Diane Divoky hicieron una advertencia respecto a que se estaba creando una generación que cree que el uso y respuesta está en los estimulantes, en su libro El Mito del Niño Hiperactivo dicen: “Se está condicionando lentamente a toda una generación para que desconfíe de sus propios instintos, para que considere que los puntos en que se desvía de los estándares cada vez más estrechos de las normas aprobadas, son una enfermedad y para que confíen en las instituciones del estado y en la tecnología para que definan y den forma a su salud... el impacto de ese condicionamiento es casi incalculable”.

Uso mundial del metilfenidato

Entre 1989 y 1996, Francia experimentó un aumento del 600% en el número de niños catalogados como hiperactivos. En algunas áreas, el número de niños que entraban en las escuelas bajo los efectos de drogas psicotrópicas alcanzó el 60%. No obstante, y a pesar de numerosas advertencias en sus inicios, la década de 1990 fue testigo de un alarmante incremento en el número de niños a quienes se diagnosticó con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad y a los que se prescribió estimulantes y antidepresivos. Hoy en día, aunque Estados Unidos consume el 85% de la producción de un estimulante, el problema ya no se limita a este país, el uso global del estimulante saltó de 3 toneladas en 1990 a 15 toneladas y media en 1997.

Entre 1985 y 2000, Australia tuvo un aumento de 34 veces en el número de prescripciones de estimulantes. A lo largo de la última década, en el sur de Australia, hubo un incremento de 54 veces en las prescripciones de psico-estimulantes para tratar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad; en el oeste de Australia, hubo un incremento del 2.000%.

En Gran Bretaña, el número de niños a quienes se prescribieron estimulantes se multiplicó de 2.000 en 1992 a 186.200 en 2000.

En Canadá, sólo en Quebec, de 1990 a 2000 hubo un incremento del 750% en el uso de estimulantes entre niños pequeños.

En Dinamarca, el consumo de estimulantes se incrementó 16.8% de 1997 a 1998. Aproximadamente un 48% de este mercado fueron niños y adolescentes de hasta 18años; 88% de ellos eran niños varones, la mayoría de 7 a 9 años de edad. El número de niños y jóvenes a quienes se les prescribió la droga por primera vez subió un 39.4% durante ese mismo periodo.

Un estudio relacionado con el uso de una droga psicotrópica por niños de 609 escuelas primarias de Francia, en 440 comunidades, reveló que más del 12% estaban recibiendo una droga psicotrópica cuando llegan cada día a la escuela, y a un 36% se le prescribía la droga por primera vez al año de edad o antes. En algunas comunidades, el número de niños que entraba a la escuela y que ya estaba tomando drogas psicotrópicas llegó hasta un 60%.

Un artículo escrito en junio de 2002, titulado, “Between Medicine and Drugs” (Entre la Medicina y las Drogas) reportó que entre 1989 y 1996 hubo un 600 % de incremento en el número de niños etiquetados como hiperactivos.

En Alemania, desde 1995 a 1999, el número de píldoras de metilfenidato que se prescribían tuvo un incremento del 400%, de 7 millones a 31 millones. Se calcula que en el 2001 uno de cada tres escolares de 5 a 9 años de edad ya estaban tomando píldoras psicotrópicas con regularidad, mientras que la Federación de Maestros de Baviera advirtió que en Alemania uno de cada cinco niños de primaria estaban tomando medicamentos contra el estrés o para mejorar su desempeño escolar”.

Aproximadamente tres millones de personas consumen drogas estimulantes en Japón. En 2000, el número de menores arrestados por consumir estimulantes ilegalmente se elevó un 45% respecto al año anterior.

A partir de 1990, el número de niños que estaban tomando estimulantes en Suecia se incrementó de manera extraordinaria. Lo mismo sucedió en Suiza y en otros países de los que no se conocieron datos oficiales.

En Estados Unidos, en la década de 1990, el uso de estimulantes para el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad se incrementó en un 700%. De 1997 a 2001, las prescripciones de drogas que se usan para este trastorno se incrementaron en un 37%, y más de 21 millones de recetas se prescribieron en los 12 meses anteriores a junio del 2001. Además, las prescripciones de uno de los estimulantes más nuevos para este trastorno se incrementaron en un 26% entre 1995 y 1999, ante todo en niños de 10 a 14 años. Durante ese mismo período, las prescripciones de antidepresivos conocidos como Inhibidores Selectivos de la Reabsorción de la Serotonina, se elevaron en un 62% entre jóvenes de menos de 20 años.

En México, en 2001, un reportaje realizado por Ricardo Rocha para canal 13, informó que el número total de prescripciones con metilfenidato se incrementó un 800 % y que las ventas del estimulante habían alcanzado los 29 millones de pesos.

Este consumo desmedido de sustancias controladas a nivel masivo se impulsó luego de que la Asociación Psiquiátrica Americana introdujera en su catálogo de facturación, el controvertido Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales-III, cuando los miembros del panel en una junta de acuerdo y mediante una votación determinaron que el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad era una condición enfermiza de los niños.

Sin pruebas de laboratorio que constataran una anormalidad en el cerebro, y en base a un diagnóstico subjetivo, se recetan “estimulantes” que nunca se habían indicado para los niños en la historia de la medicina.





Droga es, según el diccionario, Denominación genérica de alucinógenos, barbitúricos y, en general, de todas las sustancias estupefacientes o con propiedades toxicomaníacas // Denominación genérica de ciertas sustancias usadas en química, industria o medicina // Droga dura: estupefaciente que engendra un estado de dependencia."

El Metilfenidato está considerado oficialmente un medicamento psicotrópico. Y en Alemania, por ejemplo, está sujeto a la Ley de Estupefacientes. Aunque donde es más fácilmente verificable que el Metilfenidato, lejos de ser un principio activo inocuo, reúne todos los requisitos para ser considerado una droga es en Estados Unidos, el lugar donde nació la "supuesta" enfermedad, la nación con mayor número de consumidores, el país con mayores ventas del producto y el que marca la tendencia a los demás sobre la enfermedad y su tratamiento. Basta con acudir a la página web de la DEA, la agencia federal norteamericana encargada del control de las sustancias estupefacientes (www.dea.gov/concern/methylphenidate.html) y comprobar que en ella el Metilfenidato se define así:
“El Metilfenidato es una sustancia perteneciente a la Lista II de Sustancias Controladas, tiene un alto potencial para el abuso y produce muchos de los mismos efectos que la cocaína o las anfetaminas. El abuso de esta sustancia ha sido documentado entre adictos a los narcóticos quienes disuelven las tabletas en agua y se inyectan la mezcla”.

Cabe aclarar que en la “lista II”, que está incluida en la CSA (la Ley de Control de Sustancias de Estados Unidos) se enumeran las sustancias con alto riesgo de abuso, sustancias de usos médicos con severas restricciones y sustancias que pueden producir graves daños psicológicos o dependencia física. En esa lista, junto al Metilfenidato, se encuentran la cocaína y las anfetaminas.

En otra página de la DEA (www.dea.gov/pubs/cngrtest/ct051600.htm) se refleja la preocupación que existe en la propia agencia antidroga estadounidense por las posibilidades de abuso detectadas en el uso del Metilfenidato.

El testimonio corresponde a una comparecencia oficial de la Agencia ante el Subcomité del Congreso dedicado a la Niñez y la Juventud. En el informe redactado puede leerse:

“De las muchas sustancias psicoactivas prescritas a los niños y jóvenes en Estados Unidos sólo dos sustancias controladas son utilizadas ampliamente por los médicos americanos para tratar a los menores: el methylphenidate (normalmente conocido como Ritalin) y la anfetamina (principalmente a través de sus marcas comerciales Adderall y Dexedrine). Las dos son aceptadas y usadas en el tratamiento de Trastornos por Déficit de Atención e Hiperactividad. Ambas sustancias son poderosos estimulantes que han estado en la Lista II de la Ley de Control de Sustancias de Estados Unidos desde 1971. La Lista II de la CSA contiene aquellas sustancias que tienen el más alto riesgo de abuso potencial y perfil de dependencia de todas las drogas que tienen utilidad médica”.

Y más adelante, en el mismo informe, puede leerse lo siguiente:

“Una amplia literatura científica obtenida durante más de 30 años de investigación indica inequívocamente que tanto el metilfenidato como la anfetamina presentan altos riesgos de abuso”. “Producen efectos similares a la cocaína tanto en animales de laboratorio como en humanos”. “Pueden sustituirse mutuamente y por cocaína en un cierto número de experimentos en animales y humanos”. “En estudios clínicos producen efectos conductuales, psicológicos, subjetivos y refuerzan efectos similares a la cocaína”.

“En términos más simples los datos indican que ni animales ni humanos encuentran diferencia entre cocaína, anfetamina o metilfenidato cuando se administran de la misma manera a dosis comparables ya que producen efectos que son prácticamente idénticos”.

El Metilfenidato puede inducir al suicidio

La propio organismo de control de drogas y alimentos de Estados Unidos (FDA) entiende que el Metilfenidato puede incitar al suicidio o suscitar ideas suicidas. En la página de la organización Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos Citizens

(Comisión on Human Rights/Investigating and Exposing Psychiatric Human Rights Abuse - http://www.cchr.org/press_room/press_releases/FDA_Alert_On_Violence-_and_Suicide-Inducing_Stimulants.html) puede leerse la decisión tomada por la FDA en junio del 2005:
“La FDA alerta sobre violencia y suicidio inducidos por los estimulantes”.
“La FDA ordenó finalmente cambios en el prospecto de los productos que contengan Metilfenidato como Ritalin y Concerta, para advertir que estas drogas pueden causar 'eventos psiquiátricos'. Estos se describen como 'alucinaciones visuales, ideas suicidas y conducta psicópata así como agresión o conducta violenta”.

La noticia puede encontrarse también en la página de la cadena de televisión norteamericana NBC (www.msnbc.msn.com/id/8403762.), donde se pueden encontrar un informe titulado “Ritalin y algunos otros medicamentos han sido asociados con informes de alucinaciones y pensamientos suicidas”.

Por si todo ello fuera poco la situación fue reafirmada recientemente, en Marzo de 2008, y la FDA se ha ratificado en su conclusión de que el Metilfenidato puede llegar a producir ideas suicidas. La noticia tiene fecha del 22 de marzo, se titula “Un panel de expertos de la FDA recomienda que se añadan nuevas advertencias a los medicamentos los Trastornos por Déficit de Atención” y podía leerse en www.marketwatch.com/News, Firmada por Jennifer Corbett Dooren. En ella se dice:
“Un panel de la FDA afirmó que debería agregarse la nueva información existente en la sección de advertencias de los prospectos. Algunos miembros del panel manifestaron que la información adicional debería incluirse en otro formato, como una guía de medicación que explique más claramente los riesgos en un formato que sea asequible a los consumidores. Los prospectos del medicamento están normalmente destinados a los proveedores de cuidados de salud y no para los pacientes”.

Más adelante, en la misma página, puede leerse:

“Funcionarios de la FDA dijeron que los medicamentos drogas deben llevar advertencias más fuertes sobre el riesgo de psicosis, desorden mental caracterizado por la incapacidad para distinguir lo real de los eventos imaginarios”.
“El hallazgo más importante de esta revisión es que las señales de psicosis o manía, particularmente alucinaciones, pueden acaecer en pacientes sin factores de riesgo identificables a las dosis usuales de cualquiera de las drogas recetadas para tratar los Desórdenes de déficit de Atención”.

La revisión encontró casi 1.000 informes de psicosis o manía unidos a los medicamentos -entre los que están Adderall, Concerta, Ritalin y Strattera- del 1 de enero del 2000 hasta el 30 de junio de 2005. Los informes en si mismos no indican que el medicamento causó el evento. Sin embargo, según la FDA “En muchos pacientes los eventos se resolvieron después de detener la medicación”.

La revisión de la FDA publicada en Marzo De 2008, concluyó en que “una porción sustancial de los casos relacionados con psicosis según los informes ocurrió en niños de 10 años o menos”, un grupo de edad que no padece psicosis normalmente. La revisión añade: “El predominio en los niños jóvenes de alucinaciones visuales y táctiles involucrando insectos, serpientes y gusanos está siendo una realidad y merece una evaluación más extensa”.

Llegados a este punto se puede señalar que entre los efectos secundarios del Metilfenidato, bajo el epígrafe de “muy raros” pueden encontrarse los siguientes: Alteraciones del sistema nervioso: hiperactividad -curioso efecto en un medicamento para la hiperactividad-, convulsiones, calambres musculares, movimientos coreoatetoides, tics o exacerbación de los tics preexistentes, síndrome de Tourette, psicosiss tóxica (algunas veces con alucinación visual o táctil), depresión transitoria, arteritis y/o oclusión".

La violencia escolar no es sólo norteamericana

La psicosis tóxica que pude provocar el Metilfenidato se caracteriza por la aparición de delirios, ideas paranóicas, conductas estereotipadas, alucinaciones y comportamiento agresivo.

1 de octubre de 1997.- Un joven de 17 años asesina a su novia y a una compañera de clase en el colegio de enseñanza superior de Pearl, en el estado de Mississipi tras matar a cuchillazos a su madre.

24 de marzo de 1998.- En Jonesboro (Arkansas), dos niños de 11 y 13 años de edad disparan contra sus compañeros de colegio con fusiles comprados por el abuelo de uno de ellos. Mueren cuatro menores y una profesora.
25 de abril de 1998.- En Edinboro (Pensilvania), un escolar de 14 años mata a su profesor con una pistola.

21 de mayo de 1998.- Un joven de 15 años dispara contra sus compañeros con un rifle semiautomático, mata a dos y hiere a otros 22 en la escuela pública "Thurston" de Springfield, Oregón, tras asesinar a sus padres.

20 de abril de 1999.- Dos estudiantes de 17 y 18 años, Eric Harris y Dylan Klebold, armados con un fusil de asalto, dos escopetas y un revólver, matan a 13 personas y hieren a 23 en la escuela de Columbine, en Littleton (Colorado), antes de suicidarse.

1 de marzo de 2000.- En Mount Morris TownShip (Michigan), un niño de seis años mata de un balazo a una compañera de primaria con una pistola que sustrajo de su casa.

10 de marzo de 2000.- Un joven de 19 años dispara contra los estudiantes que abandonaban el gimnasio de la escuela secundaria Beach, en Savannah (Georgia), y mata a dos de ellos.

5 de marzo de 2001.- Un estudiante de 15 años de la escuela secundaria Santana de Santee (California) mata a dos personas y hiere a otras 13.

17 de enero de 2002.- En Grundy (Virginia), Peter Odighizuma, un alumno de la Facultad de Derecho de los Apalaches que había sido expulsado asesina a tres personas en un tiroteo y hiere a varias personas, entre ellas al decano.

14 de abril de 2002.- Un estudiante murió y tres compañeras resultaron heridas cuando una persona armada con un rifle disparó contra la escuela secundaria John McDonogh, en Nueva Orleans (Luisiana).

29 de octubre de 2002.- Tres personas mueren, dos de ellas profesores, en un tiroteo en la Escuela de Enfermería de la Universidad de Tucson (Arizona) causado por un alumno al que no habían permitido presentarse a un examen, y que después se suicidó.

7 de abril de 2003.- Muere un estudiante de la escuela técnico-vocacional de la Universidad de Luisiana y otro resulta herido cuando uno de sus compañeros disparó en clase.

14 de abril de 2003.- Un estudiante muere y otras tres resultan heridas por disparos contra la escuela secundaria John McDonogh, en Nueva Orleans (Luisiana).
3 de febrero de 2004.- Un alumno de 14 años muere degollado en una escuela de secundaria de Miami (Florida), y es acusado un adolescente, Michael Hernández, también de 14 años.

21 de marzo de 2005.- Matanza con diez muertos causada por un estudiante de 17 años del estado de Minesota, que asesinó a sus abuelos y después atacó su escuela de Red Lake, en la reserva india de Ojibwe, donde mató a cinco compañeros y dos adultos antes de suicidarse.

29 de septiembre de 2006.- Muere el director de un colegio en la zona rural de Cazenovia, en el estado de Wisconsin, por los disparos de un estudiante de 15 años en la escuela.

20 de enero de 2007.- Un estudiante de 16 años asesina con un cuchillo a un compañero cuando caminaba por uno de los pasillos de una escuela de secundaria en el estado de Massachusetts.

22 de Marzo de 2008.- Villa Gesell. Un chico de 17 años mató a un compañero de clases de 18.

4 de Abril de 2008.- Colonia Wanda, a 360 km al norte de Posadas en Misiones, un adolescente de 15 años apuñaló y asesinó a otro, de 16, durante una discusión que mantuvieron cuando salían de la escuela.

7 de Abril de 2008.- San Isidro, Buenos Aires. Una chica de 13 años fue golpeada por dos compañeras que le tendieron una emboscada cuando salía del colegio y, según los familiares de la víctima, “la atacaron por el hecho de ser linda”.

Santa Fe y Mar del Plata fueron también escenarios de otros hechos de violencia escolar. En la capital santafecina, una alumna de 12 años fue atacada por un grupo de compañeras que la hirieron con una trincheta. Mientras que en Mar del Plata, la directora de una escuela sufrió heridas cuando un alumno, de 16 años, la agredió, molesto porque le habían impuesto una sanción disciplinaria.

Desde Otras Alternativas no podemos decir que todos los casos de violencia escolar estén vinculados con el uso o el abuso de sustancias como el Metilfenidato, pero una simple observación de los informes elaborados por organismos autorizados nos permite pensar en algún tipo de relación entre los efectos “rara vez manifestados”, según los prospectos de Ritalin, Rubifen, Methylin, Focalin, Adderall, Concerta, y Strattera entre otros, y los hechos violentos y de características sicóticas protagonizados por niños y adolescentes.

La globalización ha permitido que se desarrolle una nueva forma de poder, la farmacocracia, capaz no solamente de decidir qué enfermedades y qué enfermos merecen cura, si no también qué conductas, desórdenes o comportamientos deben ser considerados enfermedades y con qué droga apaciguar los síntomas.

Esta parece ser otra muestra de que la codicia de la industria farmacéutica ha convertido la enfermedad en un negocio; con un agravante: en este caso los padres, quizás sin saberlo, son sus cómplices.
Enviado por otras alternativas a las 10:53 p. m.  
1 Comentarios:
  • A las1:14 a. m., septiembre 18, 2009, Blogger CLAUDIO ALEJANDRO comentó...…

    hola buenas noches mi hijo padece el tdah y le han dado a tomar un medicamento llamado rubimen no se que hacer despues de ver el comentario que acabo de leer podrian ayudarme por favor

     
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